lunes, 16 de febrero de 2015

Después de unos años, meses, días, horas, minutos, segundos, momentos, piensas que has continuado con tu vida, piensas que no duele, piensas que las heridas han sanado, que ya has llorado lo suficiente. Pero no, nunca es suficiente.

Hay dolores que no dejan de doler, heridas que nunca terminan de cicatrizar. Y es que una cosa lleva a la otra y de alguna u otra manera terminas dándote cuenta de que sigues siendo la misma, que aunque tu caparazón cambió un poco, lo adentro sigue igual.

Duele, palpita, duele, respiro, duele, vivo: duele.

lunes, 15 de diciembre de 2014

Cajones de madera

De pronto abrir una carpeta y verla ahí, una foto, nuestra foto. Sonreí, debo admitirlo, sentí una especie de calor que recorrió mi pecho y terminó con una punzada en la cabeza — o ese es el pretexto que pongo— todos los recuerdos se vinieron de golpe. Sentí nostalgia.

Pensé que ya no las tenía, pensé que en algún arrebato por dolor las había borrado, pero no, siguen ahí. Creo que si estuviera impresa sería más sencillo romperla, tirarla a la basura o tal vez quemarla, sin embargo decido dejarla donde está, no eliminarla, tal vez por romántica, tal vez por, eso, nostálgica, tal vez porque soy una tonta.

Pudimos serlo todo, pero tú decidiste ser nada, o decidiste ser recuerdos ¿eso es mejor, no? Recuerdos que puedo guardar en una cajita de madera y traerlos a mí cuando quiera.

Es una mentira que olvidamos, en el verdadero sentido de la palabra, podemos omitir pero siempre habrá algo: un sabor, una imagen, un sonido, un olor, una palabra que nos hará recordar a ese alguien o algo.

Últimamente te he recordado mucho, al tiempo le gusta jugar con nosotros y se divierte haciéndonos revivir momentos gratos y no tan gratos. Creo que te he recordado tanto como te extraño o viceversa. Puede que sea mucho, puede que sea poco, pero de que ha pasado ha pasado.

A veces me pregunto si podríamos seguir siendo amigos, saludarnos de vez en cuando y contarnos las nuevas que tenemos por casualidad pero he decidido que ya no me hagas daño. Estoy segura de que no lo harías directamente pero “las” acciones sí.

Decidí que las personas no son las que hacen daño, soy yo quien me hago daño permitiéndolas hacerlo, así que: no more.

Sé que hubo valor, un gran valor, pero al mismo tiempo no. No como debería.

Te guardo porque te extraño y aún te tengo mucho cariño, demasiado, pero no creo poder soportar una vez más lo que ya he pasado.

Te guardo como a esa foto, como a esas fotos, como a esos momentos fugaces, efímeros y perfectos.

En eso consiste la perfección, en la felicidad de instantes que no podrán cambiar ni aunque la memoria quisiera hacerlo porque sabemos la verdad y la verdad siempre prevalecerá en nuestros corazones aunque no lo pronunciemos.


Te guardo, te guardo y te beso en la frente.

sábado, 10 de mayo de 2014

Cayita

Hoy, una niña celebrará por primera vez el día de la madre sin su mamá. Hoy esa niña se siente con un vacío muy grande, lo sé, lo veo en sus ojos. Hoy esa niña está sufriendo pero no lo exterioriza porque no quiere molestar a los demás. Esa niña jamás pensó que le haría tanta falta su mamá, no como le está haciendo falta ahora.

Llora, llora porque su mamá ya no está, porque aunque los recuerdos te hacen sentir un calorcito de su presencia, también te hace sentir una brisa de frío por saber que ya no 
volverá a ver nunca más, nunca más sonriendo.

Esa niña es mi mamá y quisiera curarle el dolor que siente por mi abuelita.

Yo también te extraño, viejita, también sufro porque no estás. Hace tres meses que te fuiste, hace tres meses que ya no me dices mi muchachita y no sé por qué elegí este día para poder escribirte.

¿Sabes? Es obvio que todos sabíamos que este día pasaría, que algún día ya no podría verte más, pero no quería que fuera tan pronto, quería que llegaras a los 100 años, quería que me vieras casada, que vieras a mis hijos, que siguieras dándome palmaditas, que me dieras tu bendición cada noche, cada que voy al trabajo, cada que voy a la escuela y ya no, ya no escucho tus dulces palabras.

Quisiera que estuvieras aquí, que le dijeras a mi mamá que no se preocupara, que le curaras su corazón porque yo no puedo, no puedo hacerlo, aunque la abrazo, aunque la mimo, aunque le doy todo mi amor, no puedo hacerlo, no soy tú, viejita, no soy tú para sanarla como una mamá sabe hacerlo.

Sé que ya no sufres de tus piernas, que estás sonriendo, que estás cuidando a tus hijos, nietos, bisnetos, tataranietos y tatataranietos; que ya estás con tu viejito y mi tío Rafa y que nos amas y nos amas mucho.

Yo te amo y te extraño tanto, extraño darte de comer, hacerte compañía, cambiarte de pañal porque eras mi bebé de 93 años; ahora a mí me tocaba cuidarte como tú me cuidaste de pequeña.

Y estoy tranquila, mucho, porque sé que te dije muchas veces que te amo, y te lo demostré, pero quisiera tanto tenerte aquí, abrazarte de nuevo, y que abrazaras a mi mamá.

Porque tu niña la más chiquita tiene muy quebrado su corazoncito y te necesita. Ayúdame, Cayita, ayúdame a ayudar a tu niña, ayúdame porque yo ya no sé qué hacer. Porque yo sí tengo una mami que me ayude cuando mi corazón está triste, pero ella ya no.

Y yo la amo, la amo muchísima, ella es el amor de mi vida, ella es mi todo y ella ya no te tiene.


Cayita, te amo y te extraño mucho.

miércoles, 23 de abril de 2014

De como nací en el mundo de la literatura




Todo comenzó un jueves – o eso me hago creer –, bueno, dejemos un día cualquiera. Tenía la edad de 10 años y me dirigía hacia la primaria. Recuerdo andar vestida con una blusa de tirantes roja y una encima del mismo color, zapatos negros con un poco de plataforma; desde pequeña he crecido acomplejada debido a que cuando estaba en el kínder era la más alta, por supuesto conforme fue pasando el tiempo mis demás compañeros comenzaron a crecer ¡pero eso fue hasta la preparatoria! En fin, lo bueno es que mi estatura se neutralizó: no soy ni muy alta ni chaparra. No obstante no sé por qué demonios amaba esos zapatos de plataforma.

Mi madre me dejó en la puerta y caminé rumbo al salón, la entrada de la primaria era un tanto extraña: era una especie de explanada y después hacia los lados hay unas escaleras que dan a la explanada principal que a su vez da a los salones.

Para mí no fortuna – o tal vez sí – varios de los escalones estaban quebrados en una especie de “u”, cuando iba bajando las dichosas escaleras mi tobillo derecho se quedó atrapado en uno de esos escalones quebrados y al intentar dar un paso no pude hacerlo ya que, obviamente, quedó atrapado y como los dichosos zapatos eran demasiado pesados no me ayudaron a maniobrar así que caí y rodé por las escaleras.

Recuerdo haber visto a la directora con un traje sastre rojo que iba delante de mí, no sé percató de mi caída y siguió avanzando. Sin embargo mi memoria no está del todo fresca ya que después de eso no sé bien qué pasó, no sé si me desmayé por los golpes, lo que sí es que lloré y lloré mucho. Casi creo que algún compañero le dijo a quién era mi profesor en ese grado, ya que él me ayudó a subir las escaleras de nuevo.

Para mi alegría mi mamá aún no se había ido, así que nos fuimos a la casa. En verdad me dolía muchísimo el tobillo, intentaba apoyarlo pero era como si un martillo estuviera golpeándome y como si ese martillo fuera manejado por un ogro.

Debo confesar que para ese entonces mi relación con el piso era algo constante y destructiva: siempre me caía. Cuando estaba en el kínder – que está enfrente de la primaria– mi mamá iba por mí, cruzábamos la calle para recoger a mi hermano e ipso facto, al poner un pie ya estaba abrazando al piso; mis rodillas siempre estuvieron llenas de costras y moretones.

Así que, en vista de ese historial, mi madre se pasó regañándome en el camino a casa, decía que era una descuidada y que parara de llorar o si no me haría llorar de verdad. Supongo que hizo alusión a golpearme o algo por el estilo, no obstante sé que no lo haría.

Para doble fortuna, mi padre aún no se iba a trabajar también así que cuando me vio con el pie más hinchado que cara de boxeador después de 15 rounds decidió llevarme al Hospital General que está a algunas calles de mi casa.

Casi no tardaron en atenderme, me sacaron unas radiografías y les dijeron que, efectivamente, mi tobillo estaba fracturado, la cara de mi madre fue épica al darse cuenta de que era algo serio y no se disculpó por haberme regañado; aún no le perdono eso. Me llevaron a una cama, me pusieron una férula y el enfermero, muy guapo por cierto, me dijo que no moviera el pie. Cosa imposible para una niña de 10 años que es inquieta, así que al poco tiempo regresó, me preguntó si había movido el pie, le respondí que no, me miró con ojos de “sí, cómo no”, volvió a acomodar la férula y fue por mis papás.

Debía durar un mes con ella, dos semanas en reposo total y las otras dos andando en muletas, me llevaron de regreso a casa, me senté en el sillón y me quedé dormida hasta que mi papá llegó del trabajo. Me despertó y me entregó una bolsa verde con unas letras grandes doradas con el logo de CLP: Centro Librero la Prensa, dentro había lo mejor que pudo pasarme en la vida, dos libros: “Mujercitas” de Louise May Alcott y “Las aventuras de Tom Sawyer” de Mark Twain. Y cito: “Ten, para que no te estés dioquis” [sic].

A partir de ahí nací en el mundo de la literatura, debido a ese grácil accidente. Ahora hay ocasiones en las que me pregunto ¿qué sería de mí si no me hubiera fracturado el tobillo? ¿Realmente hubiera tenido un acercamiento a la literatura? ¿De qué manera hubiera sido? Demasiados hubieras que gracias al destino, a las casualidades o al duende que atrapó mi tobillo en ese escalón no existen.

Me han rescatado tantas veces, me han dicho lo que quiero y no quiero escuchar, me hicieron otra, abrieron mis ojos y me dieron la oportunidad de adentrarme a ese universo tan basto que sé que, lamentablemente, nunca terminaré de recorrer.

Amo lo que soy ahora, amo lo que seré gracias a ellos. Los libros son ese refugio al que siempre puedo recurrir cuando más desesperada o feliz esté. No concibo mi vida sin ellos ya que siempre, de alguna manera, y estoy segura de que todos lo hacemos, estamos a la espera de encontrarnos entre las hojas de un libro nuevo u olvidado.

Feliz día mundial del libro a todos los que me han cambiado, a los que me están cambiando y a los que me cambiarán. No saben qué dichosa me han hecho.

sábado, 22 de marzo de 2014

Cadáver Exquisito

19-oct-2009

Cuervo, oscuridad, pesadillas, cuentos tenebrosos entre dudas y malos sueños, quiero ser tu luz quiero agradarte, ser la respuesta a tus dudas, pero tengo miedo de no ser lo que buscas, daría miles de estrellas y sueños guardados con tal de que fijes la mirada en el ámbar de los ojos que tanto te han visto, te daría mis suspiros, mi aliento, mi ser y mi agonía, daría cuanto fuese necesario para que entendieras esta melancolía, pero cómo no morirme de miedo, cómo no encerrarme en mis sueños, cómo saber si estás dispuesto a creer ¿cómo?
Cómo si no crees en mis palabras, si estas letras no son leídas, cómo si esta carta no llega a ninguna mano, entonces se perdería toda la verdad que tengo para ti, verdad que me da miedo decirte ya debido a la eternidad trascurrida entre nosotros, pero creo que la distancia es más viable, aunque no encuentre más pretextos para darte, mas que un te quiero, pero te quiero lejos, lejos de donde éste amor puede invadirte, donde mi nombre de de ser Charles y la sífilis me alcance, porque el prodigio de la luna acabará con mis torpezas en los rayos lánguidos de la demora, crece el deseo de estar contigo a solas y contemplar tu cuerpo desnudo perfecto exacerbada creación imperfecta, de esta vida injusta donde desperdicio mis caricias en una piel mentirosa que hace bien como hace mal que deja sensaciones de vacío y satisfacción, de esa forma empieza de nuevo el ciclo de la marmota.

Levante

Hoy hice limpieza de primavera, no la hacía como hace tres años, tiré muchas hojas de la carrera y me encontré con unos "poemas" que hice en una materia y he los aquí. Llenos de clichés y sin valor estético algo.




¡Levántate al instante!
de tu posición de comodidad
es hora de que dejes la pereza a un lado

Libérate de las cadenas que te atan
libérate de la opresión que te abrasa
Ten el coraje de amar el peligro
si tienes que pelear ¡pelea!
si tienes que matar ¡mata!

Pero nunca dejes tu ideal 
que tu honra, que a lo que tú llamas 
país, se hunda en la peste de la corrupción

Emprende la guerra
Rebélate ante la injusticia
Sé audaz en tus actos
Sé como el águila que acecha su presa:
obtiene victoria y nuevamente emprende el vuelo

Para que de esa forma 
triunfen tus principios
y se acabe la dominación de la villanía 
 

domingo, 16 de marzo de 2014

Nombre

En un mundo paralelo existe una tienda, la dueña es una especie de hechicera, muchos la conocen como la bruja de las dimensiones ¿Su función? cumplir deseos.

Todas las personas que llegan a dicho lugar mágico no es por casualidad, es el destino quien las llama para que su deseo se cumpla. Sin embargo para que éste pueda ser realizado deben de dar a cambio algo del mismo valor para que se pueda cumplir.

En sus propias palabras: "Si recibes algo, algo del mismo valor necesita ser entregado de vuelta."

Pero esto no tiene mucho que ver con lo que nos importa, ella también decía que: "Dando tu nombre estás dando la posibilidad de tomar tu alma. Al haber dado tu cumpleaños, estás dando el control de tu vida” y yo le creo.

Nuestro nombre es algo que nos pertenece solamente a nosotros, nos da la identidad y muchas veces el significado de él pesa a tal grado que cobramos la personalidad que se nos asigna.

Cuando conocemos a alguien y nos presentamos no nos damos cuenta de la gran carga que  entregamos; el poder que le hemos otorgado a esa persona y el que ella nos ha dado a nosotros al mencionarnos su nombre.

Todos aquellos que puedan nombrarnos tienen la oportunidad de tomar nuestra alma y hacer de ella lo que quiera: amarla, pisotearla, romperla, aliviarla, soportarla y un largo etcétera de acciones. Se convierte en una gran responsabilidad.

¿Cuántos de nosotros nos molestamos al escuchar que pronuncian mal nuestro nombre?  Eso sin mencionar cuando vemos que alguien lo escribe mal.

Definitivamente nuestro nombre es algo que nos hace especiales, aunque muchas otras personas puedan tener el mismo eso no significa que no seamos únicos. Cada quién realizamos hazañas dignas de darle “renombre” al mismo.

Cuando escuchamos que alguien nos llama sonreímos, otra vez veces esperamos que alguien lo pronuncie para que nuestras mejillas se sonrojen, en otras ocasiones cuando estamos furiosos elevamos nuestra voz al mencionar a la persona que nos ha hecho enojar.

Así de importarte es como nuestros padres nos han llamado.

Tu nombre me gustó incluso antes de conocerte, muchas veces lo había escuchado hasta que apareciste para que tuviera rostro; ambos intercambiamos un pedazo de nuestra alma cuando cada uno de nuestros labios pronunció la manera tan peculiar de llamarnos.

Incluso nos otorgamos nuestras fechas de nacimiento ¡oh, oh! gran problema. No sólo nos dimos nuestra alma, también nos regalamos nuestras vidas. Cometimos una gran equivocación, y lo más extraño es que sabíamos las palabras que la bruja de las dimensiones había dicho; no nos importó o fingimos no recordarlas.

El tiempo no significó nada para el corazón y pasó rápidamente lento, cuando menos lo esperamos comenzó a causarnos daño el escuchar nuestros nombres, o al menos a mí me hería, mucho.

Pensé que se convertía en una especie de maldición y formaste parte de muchos “innombrables” casi como villano de historia mágica. El reloj volvió a hacer de las suyas y ni maldición ni bendición, solamente dejó de doler.

Así es, dejó de doler, dejaste de ser parte de alguien que podía transformar mi alma, ya no tienes derecho sobre ella, desde hace mucho tiempo, por supuesto.

Me gusta afirmarlo: tu nombre ha dejado de dolerme.

Es triste que jamás pueda olvidarme de él, así como sé que tú tampoco olvidarás el mío, en cierta forma nadie olvida un nombre. Siempre hay alguien o algo que nos lo recordará cuando menos lo esperemos, pero tenemos la capacidad para borrar todo significado de él.

¿Sabes lo que sí es maravilloso? Poder olvidar la fecha de cumpleaños, ¡vaya que sí! he olvidado la tuya y la de muchas personas más: en ese momento dejé de tener control sobre sus vidas.

Es mejor ¿no? ¿Qué es más importante: el alma o la vida? Sinceramente creo que la vida, el alma es parte de un todo.

Así que al menos para mí, he dejado tu vida y tu alma.

He olvidado y me ha dejado de doler.

Vaya lío que hemos armado con los nombres.

martes, 7 de enero de 2014

Grito ahogado

Desperté pasada la una de la tarde, hedía a una combinación de varias bebidas embriagantes, me miré al espejo, tenía lápiz labial alrededor de la boca, busqué a la culpable de dicha acción pero no encontré a alguien. Quise caminar hacía la cocina pero las piernas no me respondían muy bien, tal vez seguía un poco borracho.

Me senté en la cama, el dolor de cabeza se hacía insoportable, a tientas busqué algo que tomar y sólo encontré una botella de vodka, le di un trago grande; borracho ya estaba, un poco más, un poco menos, daba igual. El malestar no cedía, así que volví a acostarme, intenté recordar lo que había sucedido la noche anterior. Nada.

La noche pasó y mi monstruo interior pedía su alimento, salí al bar que se encuentra en la esquina de la calle no sin antes buscar unos cuantos billetes por toda la casa, esos tragos no se pagarían solos. Entré al lugar, saludé a las mismas almas en pena que, al igual que yo, buscaban un poco de consuelo en historias ajenas y bebidas amargas, me senté en el mismo rincón y esperé.

El sol ya estaba en lo alto, se colaba entre las ventanas de la habitación y dañaba mis ojos de una manera penetrante; parecía un déjà vu, seguía borracho, había más lápiz labial por mi rostro, la única diferencia es que, en esta ocasión, la ropa interior de una mujer se encontraba a las orillas de la cama, la busqué por mi burdo apartamento pero de nueva vuelta, nada.

Nueve de la noche, hora de bajar y tomarme mis sentimientos: ira, rencor, odio, pesadumbre, cansancio, hastíes. El rincón que sabe lo que ocurre cada noche se encuentra ocupado, me molesto pero no puedo hacer algo al respecto, ese lugar está libre, decido sentarme del lado opuesto, otro rincón solitario, como yo.

Por instinto despierto, he logrado dominar que el sol no me moleste, la cruda me atormenta pero no importa, ya es un avance no encontrarme borracho. Las ganas de orinar rebasan mi flojera y decido saciar mis necesidades, el espejo del baño tiene un mensaje para mí en letras grandes, femeninas y rojas: “la noche fue espectacular.”

Busco a la autora intelectual pero se ha esfumado, dejando su brassiere en la habitación, al igual que las anteriores, limpio el espejo y el reflejo de un ser demacrado me saluda con una mueca amarilla, decido darme un baño después de varios días sin asearme, visto mis mejores trapos y espero a que la noche llegue.

Salgo a otro bar, hoy me siento con suerte, pido una botella cara, creo que me la merezco aunque no haya hecho mucho mérito, la ducha hizo que me sintiera más despierto, espero a una nueva damisela, o la misma quién sabe, para tener una buena noche. Las horas pasan y nadie se acerca, enojado me tomo el licor de un solo trago ¿Qué caso tiene seguir sobrio entonces?  

Se me nubla la visión, parece que alguien me ayuda a caminar, llego al departamento y de reojo por el peinador veo a alguien con vestido, me dejo caer en la cama y que el tiempo transcurra. Un nuevo día comenzó, los nítidos recuerdos de la noche anterior hacen que me sienta curioso, busco por la habitación, y en efecto, veo un vestido ligero, indago para hallar más pistas, encuentro un labial en el baño, el del otro lado del espejo esboza, no una mueca, sino una sonrisa. Creo que sería bueno dejar de perder el conocimiento para saber quiénes son las damas que hacen mi noche más llevadera, curioso es que haya dejado su ropa ¿En qué y con qué se habrá ido? 

Aunque la nueva prenda dejada me incita a que la sobriedad sea más duradera, la sed de la voracidad puede más, así que decido invertir el reloj. La última vez que lo vi eran las dos veintiocho de la tarde, sabía que si paraba de tomar, mi ser beodo se apaciguaría para la noche que es cuando lo necesito, pero no pude, quedé inconsciente.


Cuando regresé de ese descanso efímero, la luna estaba escondiéndose tras unas nubes, según lo desarreglado del cuarto había salido, no puedo creer que haya actuado sin conciencia, necesitaba agua en mi rostro, el camino hacía el lavabo me pareció eterno, cuando llegué a él un grito ahogado salió de mi boca, no podía creer lo que veía, ahí estaba ella, el labial sobre mi boca, la sombra en mis ojos, el vestido en mi cuerpo y la ropa interior puesta… la bestia estaba sitiada en mi epidermis. 

lunes, 30 de diciembre de 2013

¡Quiero llorar y no puedo, quiero llorar y no puedo!

Es curioso, me siento nerviosa como si fuera a pasar algo grande, algo muy muy grande, pero no, no pasa nada.

Es curioso porque siento una cierta presión en donde se supone que está el corazón, como cuando vas a abrir un regalo, como cuando estás esperando a alguien y está por llegar, como cuando tiene que ir a algún lugar pero sientes que vas a llegar tarde, como cuando vas al peinador y estás esperando a ver cuál fue el resultado del trabajo, como cuando le dices a alguien que te gusta y estás esperando su respuesta. Así, así de nerviosa estoy.

No es la primera vez que me pasa, hace como dos meses sucedió; hoy podría culpar a que me tomé dos tazas de café aunque pasó mucho tiempo entre una y otra. O tal vez podré culpar a los dolores del género.

No sé, el caso es que me siento nerviosa y con unas ganas terribles de llorar, pero no puedo. Ironía es que lloro por cualquier cosa y hoy que en verdad lo necesito, no puedo.

Qué triste es no poder poder. Qué triste.

lunes, 9 de diciembre de 2013

Diego


Ya ves, no te puedo dejar solita un rato porque te me rompen; eres una florecita que debemos ocultar hasta que alguien digno la sepa cuidar.

lunes, 11 de noviembre de 2013

Soñar

Ayer soñé con ellos, sí, fue curioso, los soñé al mismo tiempo. Los soñé a ellos.

Soñé a los que no me han querido; tal vez fue por un pensamiento que tuve antes de dormir, tal vez porque me han rezumbado los recuerdos, porque vienen de golpe y hacen que tiemble la tristeza.

Bastante peculiar que los haya soñado a todos juntos, no uno por uno, sino que se juntaron, atravesando la barrera de la distancia: se juntaron en un sólo sueño.

Sólo hubo un disgusto por mi parte, único, y fue por reclamarle a uno por no haberme tomado la mano mientras uno de los tantos pasó a mi lado. Supongo que en el sueño eramos pareja. Qué horror que él haya sido el elegido para estar a mi lado en el sueño, pero fue todo.

Al despertar tuve un amargo sabor de pensamiento, de boca, de vista, de sonido, un amargo sabor. Después de recordar tan mencionada visión lúdica me pareció gracioso que haya sucedido.

Tengo un mes, o dos, o tres, o un puñado de días en los que mi estado anímico no ha sido el normal. Se me conoce por ser alguien alegre la mayoría del tiempo y cuando la zozobra aparece se esfuma en cuestión de minutos, pero ahora no. Ahora ha permanecido. Incluso podríamos apelar a las imágenes que usan las animaciones que aparece una nube lloviendo sobre la persona (sí, un contertulio la ha utilizado últimamente conmigo). Algo así.

Y es que sinceramente no tengo muchas ganas de luchar; bastante contradictorio ya que es el consejo que normalmente suelo dar cuando lo piden. Luchar, luchar por los sueños, por salir adelante, por alguien, por algo, por ti mismo, luchar. Pero no tengo ganas, no tengo nada de ganas, si no tienes esperanza nadie podrá hacerte daño, porque ya estoy cansada de que la esperanza sea un consuelo.

Soñar con los que no me han querido fue un golpe al pobre corazón que no ha terminado de remendarse, él también ya está cansado. Yo lo estoy. Mi cuerpo, alma, espíritu, lo que sea que me conforma ya está cansado: del tic tac, de las piedras, de los fragmentos, de los recuerdos, de las canciones, de las palabras.

Muchos podrán decir que hay peores que mi condición, que debería de ver por lo que tengo: salud, trabajo, familia, amigos ¿pero qué si yo no me tengo?

Si no les he bastado a los demás ¿por qué he de bastarme a mí?

Vuelvo a decirlo: me tembló toda la tristeza, todas las lágrimas, porque soñé con los que no me han querido y a los que entregué lo más bonito que tengo: mi corazón.

domingo, 27 de octubre de 2013

Quisiera jugar

Quisiera jugar. Quisiera jugar a que nunca te quise, quisiera jugar a que no los quise a ninguno de ustedes, quisiera jugar a que el corazón nunca se rompió.

Quisiera jugar a que aún soy niña y que lo que más me preocupa es no pisar las líneas del suelo, quisiera jugar a no salirme de la raya. Quisiera jugar a que aún creo en el ratón de los dientes, en que las estrellas fugaces cumplen deseos y que cuando cierro el refrigerador hay un duende que apaga la luz.

Quisiera jugar a que me entiendes, a que escuchas mis más grandes pesadillas, que me tomas de la mano cuando siento miedo y sonríes al ver mi pavor por las ventanitas cafés. 

Quisiera jugar a que nunca crecí, a jugar a las muñecas y molestar a mi hermano para que me tomara en cuenta en su juego de niños. Quisiera jugar a que no existe el futuro, que el pasado no está distante y que el presente son sólo algodones de azúcar y raspones que curar.

Quisiera jugar a que no soy mujer, que no me duele el género ciertos días del mes,  a que no soy débil sino bastante fuerte. Quisiera jugar a que no importa la manera en la que me comporte, a que las decisiones no retumbarán en los ecos de algo que aún no sucede.

Quisiera jugar a que nunca me ilusioné, que nunca di todo de mí y se fue al vacío. Quisiera jugar que no he viajado a los lugares que ya he ido. Quisiera jugar a que he viajado, que cada pedacito de tierra en el que he estado ha dejado un impactante grito en mi piel. 

Quisiera jugar a que he probado cada sabor del planeta, quisiera jugar a que el picor no me hace tanto daño y que lo dulce no empalaga.

Quisiera jugar a que no trabajo, que el dinero no es necesario para poder vivir cómodamente, quisiera jugar a que mi casa es grande, con muchas escaleras. Quisiera jugar a que mi cama es enorme, con muchos cojines y poder saltar sobre ellos. Quisiera jugar a que te guste bailar, bailar sobre la lluvia, con muchas luces, con nadie o con todos.

Quisiera jugar a que leo todos los libros del mundo y ninguno, quisiera saberlo todo, pero en realidad no quiero saber nada. Quisiera tener la sabiduría de una montaña y la delicadeza de una tortuga caminando hacía el inmenso mar.

Quisiera jugar a que nunca te regalé esa flor antes de llegar a la biblioteca y quisiera jugar a que mis te amo nunca fueron en vano aunque sé que sí fue así. Quisiera jugar a que nunca me mentiste, a que nunca me engañaste y que las palabras más que palabras son pájaros que vuelan con un rumbo fijo.

Quisiera jugar a que tampoco a ti te regalé tantos libros, quisiera jugar a que los impulsos que ya murieron no existieron, o que si existieron fueron por buena causa y no simples olvidos en un librero empolvado.

Quisiera jugar a que ser buena persona no es tan malo, quisiera jugar a que la esperanza no ha muerto, a que sigue palpitando, a que juega con sonrisas.

Quisiera jugar a que existes y que tú no existes, a que yo no existo, a que la existencia es sólo un sueño de Dios.

Quisiera jugar, quisiera jugar a que la vida sí es justa y que por lo mismo nadie se queja.

Quisiera jugar a que sirve de algo a escribir.

Quisiera jugar a que la desolación no existe o que si existe sabemos cómo sobrellevarla.

Quisiera jugar a que nunca te quise y que tú sí lo haces. Quisiera jugar a que no me duele, quisiera jugar que ya no soy lo que soy. Quisiera jugar a que nunca he llorado, a que nunca me han lastimado y que nunca lo he hecho yo.


Quisiera jugar.

domingo, 6 de octubre de 2013

Ella, la niña

Por: Oscar.


Eres un ser inolvidable. En el transcurso de la vida uno conoce una buena cantidad de personas de las cuales muy pocas pasan a ser realmente importantes en nuestra historia, algunas incluso llegan a  estorbar y otras solo pasan pisoteando y dejando manchas en el mantel, en el suelo, en la pared, en los muebles de nuestro espíritu, porque el espíritu es como una casa. Pero tú no, tú causas un sentimiento de tranquilidad, de felicidad, de añoranza, cualquiera que te conozca seguramente llegará a quererte después de intercambiar una mínima cantidad de palabras contigo. Eres esa visita que quieres que se quede más tiempo; que se quede un mes, un año, un siglo. Tienes alma de helecho, vas ahí por la vida liberando esporas que viajan libres en el viento, dejando marca en las personas que conoces; esa espora que crecerá en un bonito helecho, ahí, justo al lado del corazón: una huella inolvidable. No eres de aquellas personas inolvidables  a la mala, esas que hacen algo por lo que las aborreces toda la vida, no, tú eres aquellos sentimientos que uno quiere que nunca pasen, que se queden ahí para siempre. Nunca te olvidaré, has dejado tu espora en mí, y a pesar de que dejemos de tener contacto, a pesar de que la situación se torne caótica, a pesar de la distancia, siempre nos quedará el mar, ese punto de reunión de todos aquellos que huyen más allá de los arbustos de la carretera; más allá de las ventanas; más allá de la pequeña montaña del vecindario. Ahí donde aquellos que buscaban el horizonte han desistido para quedarse a vivir en la playa.

sábado, 21 de septiembre de 2013

Ricardo

"Desde la lejana noche vengo a visitar unos ojos que me han expresado la idea de tenencia.
Con las alas de la ilusión renovada, arribo hasta esta ventana iluminada, que se abre para mí dejándome hablar con el hada que luce entusiasmada por mi llegada. Yo sólo quiero acariciarla antes de que llegue el alba.

Resulta que el alma necesita ser tocada también. Seducida con las voces que sólo los dedos saben hacer sonar: las letras. Que bien acomodadas y llenas de ritmo, no sólo aspiran a ser poemas, son palabras bellas que gozan de ser eternas. Éstas que provienen desde las noches más profundas del sentimiento, es donde el alma siente el aliento de la vida y la esperanza.

Voy llegando con las alas cansadas de tanto volar sobre la humanidad. Voy llegando hasta esta ventana, absorbiendo todo lo que he podido transformar.

Sé que no lanzo las palabras al viento con la vana ilusión de que lleguen hacia donde están destinadas. ¡No!Yo las traigo para entregarlas directamente. Compartirlas para que la tienten.

Y voy llegando hasta esta ventana para disfrutar el presente sin tener cuidado de otros tiempos. Unos todavía no llegan, pero no importa su arribo, porque no los espero, los voy viviendo. Los otros, ya se fueron… Ya no puedo más que pensarlos en recuerdos.

Es por esto que pese a mis alas cansadas de tanto volar entre el tiempo y sobre los hombres, decido descansar aquí en esta ventana, para retomar el vuelo sobre el mundo de la humanidad revestido de esperanza, llevándome sus ansias.

Que no se queden en ansias los ojos, no soy el único que la mantiene en ansias. Yo recuerdo cómo mis ojos leían asombro por tanta literatura que ha hecho suya.

Yo no sé qué es más triste: mantenerse en ansias por un personaje literario que siempre estará para nosotros: una y otra vez siempre que se le guarde de dejar de ser para perderse de la existencia o, ser un personaje que habita el tiempo mismo que el de vos y no poder leerlo siempre.

Yo sufro lo segundo con un personaje al que no he sabido leer todavía.

Por eso regreso para aprender de ella, para aprehenderla y llevarla conmigo siempre. Y dotarla de identidad bajo un nombre que suene sutil como el de Liz.

¿Aún se queda en ansias?"

miércoles, 28 de agosto de 2013

Si la utopía es caminar, me quedaré sin pies

Ideales que se forjan en cada lucero que creemos nuevo
ideales tan perfectos que duele al crearlos
ideales que incluso sufren por la perfección de sus dueños.

Nada más alejado de la realidad,
sólo posible entre divagaciones que se asoman
por pequeñas ventanitas de color azul, verde, miel, café, avellana, ámbar... 

A veces las ventanas lloran, a veces les rompen los cristales
a veces les ponen cortinas que ya no se abren.

Creemos que trabajamos por un mundo mejor cuando el nuestro
está, está lleno de incertidumbre que se embarra en los rincones,
manchando las esquinas, golpeándolos con sus gritos de torpeza.

No somos torpes, sólo simples quijotes que sueñan vivir en la luna
porque ese pensamiento nos pone románticos.

Y cuando despertemos de nuestra locura nos veremos cansados, 
con una capa de polvo rodeándonos, con las cuerdas desgarradas,
la mirada fija en un objetivo que sabemos con cada poro de nuestro significante ser
que será imposible de alcanzar, pero no importa, jamás importará.

Si la utopía es caminar, me quedaré sin pies, porque ahora sí que "pies pa' qué los quiero, si tengo alas para volar."

lunes, 29 de julio de 2013

De como prefieren a Lilith y a Eva la dejan en el olvido

Siempre gusta lo peligroso, lo prohibido, 
nadie quiere lo recto y bueno.
La hipocresía palpita de una manera
que la relega a lo inalcanzable.
Y cuando se dan cuenta 
que lo que en realidad necesitaban
no era a la traición
de una mujer, regresan con pies ligeros y quemados hacía
aquella que desobedeció primero;
lamentablemente ya fue expulsada y sin un Adán
que la cobije.

martes, 23 de julio de 2013

Volví a casa

Es extraño como anocheces en una ciudad, un estado y amaneces en otro. Amaneces en el que debe de ser tu hogar. Hoy no me siento en él. Siento que mi corazón ya no esta aquí, lo peor es que no sé dónde está. Tal vez se quedó allá, tal vez se lo quedó Kenia, Carlos, Karla, Ángel, Eloísa, Kissifur y Piñata. O tal vez ya no existe. Tal vez ya no quiere existir.

No me siento en casa, me siento extraña, me siento ajena, me siento como si no perteneciera a ningún lado.
Mi madre me extrañó, me abrazó y sonreía con gran gozo, yo le sonreía de la misma manera, pero no con el mismo entusiasmo. Sinceramente no quería regresar, pero tampoco puedo volver.
Hoy, en este día, no tengo corazón.

jueves, 11 de julio de 2013

No soy lencha, pero me rodeo de ellas





El día de hoy acudí a una ponencia llamada “Lesbianismo Político” a ciencia cierta no sé el nombre de la autora, no porque no haya puesto atención sino porqué al momento de presentarla no se les entendió en el micrófono, lo que alcance a percibir fue Martha, pero de nueva cuenta reitero que no lo sé. Esto dentro del marco de la 2da Jornada Cultural de la Diversidad organizada por el Movimiento LGBTTTI y bajo la invitación de una amiga, lesbiana, por supuesto.

Seré sincera, no iba con muchas expectativas, lo hice por acompañar a Mariana, salir de casa y aprender algo nuevo, incluso mientras íbamos al lugar jugamos con la perspectiva ¿qué pasaría si mi madre se diera cuenta?, no es que ella tenga lesbofobia o algo por el estilo pero últimamente se ha “preocupado” porque, al menos en cada círculo de amigos, tengo una amiga como lesbiana.

Llegamos al recinto, el mezanine del Congreso del Estado (sé que en realidad para este nivel no tiene mucha relevancia que lo mencione pero más adelante lo haré) con media hora de anticipación, tomamos nuestros lugares y platicamos en lo que iniciaba el evento. Éramos aproximadamente quince mujeres, dos hombres, un gay y dos trans; se podrán dar cuenta de que no mencioné el número de lesbianas porque no lo sé, creo que en realidad debería de contar las heterosexuales que presenciamos la ponencia.

La verdad es que pensé que presentarían algo novedoso ya que comenzaron con una breve introducción respecto a las propuestas que tenían pensando entregar a las autoridades correspondientes para hacer posible los derechos humanos de las lesbianas, sin embargo no fue así, el discurso fue el mismo que he presenciado a través de las redes sociales. La autora del escrito decía que era una lesbiana amorosa, que tiene amigas en la ciudad de México que son feministas, y por la manera en la cual se expresaba parecían radicales, que conoció a través del movimiento de mujeres, mencionó a varios de ellos: feministas, contra los feminicidios, hombres feministas, lesbianas feministas, o cualquier nombre que incluya los sustantivos feminismo y lesbianas. Todos tienen el propósito de luchar por el derecho de las mujeres, principalmente el de las lesbianas, pidiendo tolerancia por ser diferentes. Y eso fue todo.

Después dieron paso a una serie de preguntas y respuestas en donde una chica comentó que era necesaria la educación de las nuevas generaciones porque habrá más lesbianas en el mundo, luego otra se “ofendió” porque ella decía que no se tiene que esperar a que esta generación tenga hijos paras tomar cartas en el asunto, su discurso se basaba en tolerancia, que nadie les diga nada cuando pasean por un centro comercial, besarse con su pareja, hostigarlas o acosarlas por sus preferencias amorosas y sexuales, luego lo resumió exigiendo libertad.

La libertad no existe, es sólo un ideal romántico que nos han inculcado a lo largo de la historia.

Fueron precisas las ideas que plasmaron, un mundo en donde cualquiera puede salir a la calle sin temor a que les hagan nada, la elocuencia fue lo suficiente para llegar al escaso número de asistentes; reclamaron que no hubieran más pero sabían muy bien el motivo de ello: miedo.

Sabían que el miedo de las mujeres a ser reconocidas como lesbianas en el Congreso del Estado era grande, el miedo a ser rechazadas, a ser agredidas, a ser marcadas solamente por un gusto pudieron más que luchar por sus derechos.

Es motivador que realicen este tipo de eventos, además de las marchas que, para mí, están sobrevaloradas, pero lo que parece que no les queda claro es que de la teoría a la praxis hay todo un mundo de distancia y precisamente era lo que quería expresar pero ya no hubo tiempo para hacerlo.

Desgraciadamente vivimos en una sociedad conservadora que durante siglos ha actuado por medio de una “familia tradicional” y machista. La iglesia nos ha calado hasta los huesos al decir que la homosexualidad es pecado, claro, sólo traduce con literalidad lo que les conviene y que me perdone Dios en dado caso de no ser así. Pero si los griegos, de donde han salido los filósofos más reconocidos, decían que se acostaban con las mujeres porque era necesario poblar las ciudades, pero no porque realmente lo quisieran, el verdadero placer lo tenían cuando se acostaban con hombres. Ya existía la homosexualidad, e incluso el lesbianismo con Safo, y lo veían con naturalidad ¿Por qué la sociedad del siglo XXI no puede aceptar algo que ha existido desde siempre? Sólo fue cuestión de que entráramos a esa era llamada medieval para que todo se retorciera.

Al parecer lo que no entienden nuestras amigas lesbianas es que todo por lo que están luchando ahora no lo vivirán, por el contrario, serán las siguientes generaciones  las que podrán disfrutar de todo lo que han logrado, así como en décadas anteriores las lesbianas lucharon por el respeto que se merecen y ahora ellas pueden hacer este tipo de eventos, en los cuales se pueden expresar libremente en el Congreso del Estado, sí, no en un salón de eventos, parque cualquiera, no, es el CONGRESO DEL ESTADO. Creen que no han logrado nada cuando hace unos años sería impensable que pudieran presentarse en lugares como estos.

¿Es injusto? Sí, vaya que lo es, pero la vida no es justa y deben comprender que siempre habrá odio, ying y yang si desean verlo de esa manera, bien o mal; si existe el amor también el odio estará presente.

Seguirá habiendo personas a las cuales no les guste que manifiesten sus expresiones amorosas en público, incluso que estén “en contra” de la homosexualidad, lo que sí se puede hacer es enseñar la tolerancia desde ahorita.

Ejemplo estúpido: a mí no me gustan las calabazas pero no por eso voy a ir a matar a todos los jornaleros, personas que las degustan, ni a quemar las hortalizas porque ese vegetal no es de mí agrado, simplemente tolero a quiénes sí, las evito comer y listo.

Eso es lo que se les debe enseñar a esta sociedad que recién está abriendo su mente ante diferente pensamiento, hay diversidad y hay que aceptarla tal y como es; tolerar si no podemos consentirla del todo. Al menos en mi caso lo hago, tengo la fortuna de ser docente y a veces tomo la libertad de dar pequeñas “lecciones” vivenciales en lugar de aplicar algún ejercicio en el tema: les hablo de la homosexualidad con naturalidad, del respeto hacia los demás y de la aceptación de todos. Puede que les llegue algunos o puede que no, pero al menos estoy haciendo la labor que la misma sociedad me demanda.

Así que, adelante, lesbianas, sigan luchando para que dentro de unos años no muy lejanos puedan salir a la calle sin miedo a una represión.


No soy “lencha”, pero me rodeo de ellas.

sábado, 6 de julio de 2013

De lo que pasa en una paseada por "La Liber"

El día de hoy fui al centro ¿histórico? de mi ciudad, tenía meses que no iba sino es que poco menos de un año. Me baje en la “parada” (sin albur) correspondiente  y caminé unas cuatro o cinco cuadras hasta llegar a la calle Libertad o “La liber” como mejor la conocemos los chihuahuenses, es una especie de calle Madero del DeeFe pero unas 5 veces, si no es que más, más pequeña.

No sé qué tienen los gobernadores del Estado que siempre imitan a la ciudad mencionada anteriormente, nos dieron una Diana Cazadora en la avenida Mirador, incluso una mala imitación del Ángel de la Independencia aunque el de acá es Ángel de la Libertad con una espada que tiene un láser al mero estilo Jedi que significa esperanza; ya tiene rato que no funciona así que tenemos roto el rasho láser de la esperanza.

El nuevo gober César “Pelona Reluciente” Duarte junto con el presi municipal decidieron hacer casi lo mismo que en la Madero y el Centro Histórico (ese sí es histórico y no chingaderas) eliminar algunas calles para que sea un enorme paso peatonal, pues, para los peatones. Duh.

Las obras siguen sin finalizarse por lo que aún hay bastante escombro en ese espacio, especialmente frente a Catedral, en la cual hay una exposición de esculturas. Sinceramente no me fije de quién es, ni cómo se llama, qué fracaso de humanista soy, sé que debí de haber prestado más atención, pero ni modo, decidí seguir caminando mientras escuchaba música por los auriculares, cuando por fin me acerco al inicio de “La liber” me percaté de un círculo de personas, obvio rodeaban a alguien, llamaron mi atención, no sé si por morbo o por qué, digo no es común que varias decenas de individuos se aglomeren en cierto espacio tan pequeño.

Para mí no sorpresa estaban observando a un grupo norteño, con guitarra, acordeón y todo el kit necesario para tocar cierto estilo de canciones propias de la región, me quité los audífonos y duré parada unos cuantos minutos para observar. Unos grababan el acto, otros pasaban y dejaban algunas monedas, incluso a algunos se les percibía las ganas de bailar pero la vergüenza podía más en sus pies. Me di cuenta de que el cantante en cuestión no era integrante de la agrupación, ¿qué como lo supe? Sencillo, era el único que no traía el mismo vestuario y se notaba que estaba ligeramente ebrio, cantaba con una pasión que parecía no darse cuenta de lo desafino que lo hacía.

Deje el lugar y seguí caminando, luego más adelante vi uno de esos chicos que se pintan TODOOOS de gris y actúan como si fueran robotcitos cuando lanzan una moneda a su recolector, ¿happenigs tal vez? Varios niños lo veían asombrados, uno temeroso se acercó a tocarlo y al momento de hacerlo el joven se movió, el pequeño corrió a las piernas de su madre con una mezcla de alegría y miedo que se dibujaba en su sonrisa.

Seguí caminando hacía mi destino y pensé en los tres eventos que recién presencié: la exposición de esculturas, el grupo norteño y el chico metálico robot. Llegué a la conclusión de que es necesario que salga más seguido a recorrer la ciudad. Durante meses sino es que años, por aquello de la carrera, me quejé que en la ciudad de Chihuahua no hay “cultura”, que no hay eventos a los cuales asistir, porque cometí la estupidez de compararlo con la ciudad de México. Qué tontería tan enorme ¿Cómo oso comparar al monstruo de edificios con un rancho grandote?

Recuerdo el año pasado cuando realicé el verano de investigación científica en la ciudad de México que, fácil, había cinco, como mínimo, eventos culturales a los cuales asistir; claro, que mi flojera y/o el miedo a la soledad impidieran que asistiera todos los días a dichos eventos es una cosa muy distinta. Y aquí, bueno aquí tienes que buscarlos hasta por debajo de las piedras para darte cuenta qué ofrecen los artistas locales. Puedo jactarme que el Festival Internacional que organizan cada año va mejorando y la Feria de Libro deja algo que desear (de nueva vuelta caigo en el error de compararla con la FIL) pero de a poco a poco nos vamos forjando.

En fin, todo esto viene sólo a concluir a marchas forzadas, que la ciudad está creciendo y ofrece los eventos culturales que la gente necesita más no los que se merecen, porque sé que se merecen más, mucho más. Ahí se quedan afuera las verdaderas obras de teatro, las muestras de danza folclórica o de cualquier otro tipo de baile, lecturas en atril, conciertos, etc. Sé que Chihuahua cuenta con maravillosos artistas, los conozco, he convivido con ellos, pero no sé qué pasa con nosotros que preferimos algo “famoso” que producto nato de la región, tal vez va dentro del “Chihuahua es un público muy difícil”, tan difícil que no sabemos a ciencia cierta lo que necesitamos realmente.


Hace unos viernes leí una columna del LLE. Víctor Velo (acá la columna) donde con muy buena narración y a modo de diálogo expresa qué pasaría si no existieran los artistas en la ciudad, sentí que fue una especie de Fahrenheit 451. Es increíble como pensamos que el arte no es necesario en nuestras vidas cuando en realidad convivimos con él de una manera tan formidable que no nos percatamos cuando realmente lo hacemos.  

miércoles, 26 de junio de 2013

Caída

Edificio, oficinas, ocho pisos de diez, ocho pisos en los cuales se encuentran en hileras algunos cubículos, en esos cubículos centenares de hombres y mujeres de traje; intentan personalizar, en la medida de lo posible, su espacio de 4x4, fotos de la familia, pareja, mascota, algunos incluso llevan alguna planta para intentar darle vida al lugar, pero sigue siendo un espacio de 4x4, no más, no más vida, sólo trabajo. Rutina.

Me gusta cada 20 minutos exactos levantarme de la silla, echar un vistazo a mis compañeros de en seguida, ir a beber agua en esos diminutos conos en los que muy apenas se alcanza dar un trago, regresar al cubículo, hacer una sentadilla y de nueva vuelta al trabajo. Rutina.

Se llegan las ocho de la noche, por fin es hora de regresar a mi hogar, apago el computador, dejo las formulas pendientes en su respectivo cajón para mañana comenzar por ahí, me despido de mis vecinos laborales, me dirijo a la puerta y comienza el mayor dilema de todos: elegir las escaleras o el elevador. Son ocho pisos, ocho pisos con veinticinco escalones cada uno, en total doscientos escalones; el cansancio puede más y el elevador es el ganador. Rutina.

Llego a casa, dejar la corbata, el portafolio, comer una cena fría, mirar y programar para el apagado automático el televisor, hablar por teléfono con mi madre, colgar, observar con detenimiento el calendario, lavarme cuidadosamente los dientes, preparar la ropa del día siguiente, acostarme, dormir. Rutina.

Despertar, asearme, mal desayunar, tomar el portafolios, salir a la vida, llegar al edificio, a la oficina, ocho pisos, doscientos escalones, el elevador  vuelve a triunfar, 4x4, veinte minutos, orinar en un interludio de mis descansos, más agua, más trabajo, hora de salida. Rutina.


Ocho pisos, elevador o doscientos escalones, tras una batalla campal por primera vez decido elegir los escalones, camino hacía las escaleras y las veo detenidamente, siempre que estoy ante ellas tengo una especie de vértigo, me imagino qué pasaría si me dejo caer, pienso en lo ridículo que sería, pero la atracción al vacío es más fuerte que mi simpleza y la lógica; ¿por qué tenemos esa necesidad de imaginar lo que pasaría al caer por un mirador que está asegurado? ¿por unas escaleras? ¿por qué la atracción, de nueva vuelta al vacío? Son sólo escaleras que bajar, poner un pie tras a otro, escuchar el crujir de las rodillas, tomar el pasamanos, jugar con la velocidad del caminar. El vacío me sigue llamando, mis piernas dejan de funcionar, estoy siendo seducido por la sensación de la caída, sudor frío en mi nuca, miro hacia los lados, estoy quedándome solo, doy un paso. Se acabó la rutina.