sábado, 25 de junio de 2011


¡Color!
A Guido con amor.

Cierto día de verano todos los colores se reunieron en la escuela para pasar un día agradable, estaban todos presentes: Azul, Amarillo, Violeta, Rosa, Naranja, absolutamente todos. Tenían muchas ganas de jugar y aunque el calor era insoportable no iban a dejar que eso los desanimara a poder hacer sus diabluras.

El Blanco y el Negro, como siempre, eran los más bromistas de todos se la pasaban haciendo travesuras a todos sus compañeros para sacarles una sonrisa. Realmente eran lo más juguetones sin embargo el calor siempre los hacía ponerse de mal humor ya que Negro siempre se hacía pues más negro. Y Blanco a veces se burlaba de él y no les gustaba estar peleados. Así que decidieron hacer llorar a Cielo para que de esa manera Calor se fuera

Mientras los demás colores jugaban a la rayuela, canicas, pelota y demás, Blanco y Negro decidieron salir de la escuela sin ser vistos, y subieron hasta el cielo. Ah, porque los colores son realmente muy ligeros y si se lo disponen pueden volar hasta donde ellos quieran.

Luego de buscar por todo el lugar encontraron a Cielo, le hicieron preguntas respecto al Calor y él muy inocentemente les dijo que porque era verano él no podía hacer mucho, ya que Calor era el responsable en esa época del año, que él sólo podía interferir en ciertos momentos. Le preguntaron en cuáles y él tiernamente les dijo que cuando lloraba de felicidad llovía mucho ya que sus amigas las Nubes eran como sus ojitos y sus lágrimas podían correr libremente por ellas.

Negro y Blanco al saber la manera en la cual podía alejar a Calor por un buen rato decidieron hacer llorar a Cielo, intentaron contarle chistes, hacerle cosquillas pero ni una sola lágrima caía. Se dieron por vencidos muy pronto ya que se percataron de que felicidad no harían llorar a Cielo así que no les quedo otra opción que hacerlo de tristeza.

Tomaron unas piedras y comenzaron a maltratarlo, le dijeron cosas horribles y ya que Cielo jamás había sido tratado de esa manera inmediatamente comenzaron a brotas lágrimas de sus ojos, de una pequeña llovizna casi se convirtió en un diluvio. Los Rayos siendo muy amigos de Cielo se percataron de que sus lágrimas no eran normales y le preguntaron que había pasado y él les contestó lo que Blanco y Negro habían causado. Decidieron ir a perseguirlos por todo el condado.

Los colores que en la escuela se habían quedado a la salón corrieron a refugiarse ya que la fuerza de la lluvia era demasiado fuerte, y comenzaron a preguntarse que había desatado la tristeza de Cielo ya que totalmente oscuro estaba, cada uno intentaba averiguarlo pero nadie podía llegar a la respuesta así que decidieron mejor hacer sentir feliz a Cielo.

Cada uno se fue volando hacía él y comenzó a hacer figuras, sus colores brillaban hermosamente y Cielo poco a poco fue sonriendo, le regalaba sonrisas, abrazos y mimos para que sus ojitos dejaran de llover tristeza. Luego de que sus labios una risa soltara cada uno de los colores se puso en orden: Rosa, Rojo, Naranja, Amarillo, Verde, Turquesa, Azul, Violeta y demás y de esa manera el Sol salió y el arcoíris surgió.

Se dice que cada vez que Cielo se encontraba triste Arcoíris acudía para mostrarle la vida de color que en él había y que su sonrisa nunca dejará de existir.

Por su parte Blanco y Negro regresaron chamuscados ya que los Rayos les dieron su buen merecido y gracias a ello al Arcoíris jamás fueron incluidos.


sábado, 4 de junio de 2011

Quesquebrajos


Cuando escribiste el corazón paró...

Luego se quebró, en pocos, muy pocos pedazos.

Quesquebrajada quedó el alma.

Las lágrimas en silencio e invisibles brotaron desde los labios donde dejaste tu vida.

Mis lágrimas son muy diferentes a tu sello.

Y después escuchó la canción Día de Enero de Shakira y todo vuelve. Silencio. Cristales rotos.
Vida que se enajena por ti. Sonríe, suelta una blasfemia y te anhela y tal vez desea. Desde ayer.

Sal con una chica que lea.


Por Rosemary Urquico.

Sal con alguien que se gasta todo su dinero en libros y no en ropa, y que tiene problemas de espacio en el clóset porque ha comprado demasiados. Invita a salir a una chica que tiene una lista de libros por leer y que desde los doce años ha tenido una tarjeta de suscripción a una biblioteca.

Encuentra una chica que lee. Sabrás que es una ávida lectora porque en su maleta siempre llevará un libro que aún no ha comenzado a leer. Es la que siempre mira amorosamente los estantes de las librerías, la que grita en silencio cuando encuentra el libro que quería. ¿Ves a esa chica un tanto extraña oliendo las páginas de un libro viejo en una librería de segunda mano? Es la lectora. Nunca puede resistirse a oler las páginas de un libro, y más si están amarillas.

Es la chica que está sentada en el café del final de la calle, leyendo mientras espera. Si le echas una mirada a su taza, la crema deslactosada ha adquirido una textura un tanto natosa y flota encima del café porque ella está absorta en la lectura, perdida en el mundo que el autor ha creado. Siéntate a su lado. Es posible que te eche una mirada llena de indignación porque la mayoría de las lectoras odian ser interrumpidas. Pregúntale si le ha gustado el libro que tiene entre las manos.

Invítala a otra taza de café y dile qué opinas de Murakami. Averigua si fue capaz de terminar el primer capítulo de Fellowship y sé consciente de que si te dice que entendió el Ulises de Joyce lo hace solo para parecer inteligente. Pregúntale si le encanta Alicia o si quisiera ser ella.

Es fácil salir con una chica que lee. Regálale libros en su cumpleaños, de Navidad y en cada aniversario. Dale un regalo de palabras, bien sea en poesía o en una canción. Dale a Neruda, a Pound, a Sexton, a Cummings y hazle saber que entiendes que las palabras son amor. Comprende que ella es consciente de la diferencia entre realidad y ficción pero que de todas maneras va a buscar que su vida se asemeje a su libro favorito. No será culpa tuya si lo hace.

Por lo menos tiene que intentarlo.

Miéntele, si entiende de sintaxis también comprenderá tu necesidad de mentirle. Detrás de las palabras hay otras cosas: motivación, valor, matiz, diálogo; no será el fin del mundo.

Fállale. La lectora sabe que el fracaso lleva al clímax y que todo tiene un final, pero también entiende que siempre existe la posibilidad de escribirle una segunda parte a la historia y que se puede volver a empezar una y otra vez y aun así seguir siendo el héroe. También es consciente de que durante la vida habrá que toparse con uno o dos villanos.

¿Por qué tener miedo de lo que no eres? Las chicas que leen saben que las personas maduran, lo mismo que los personajes de un cuento o una novela, excepción hecha de los protagonistas de la saga Crepúsculo.

Si te llegas a encontrar una chica que lee mantenla cerca, y cuando a las dos de la mañana la pilles llorando y abrazando el libro contra su pecho, prepárale una taza de té y consiéntela. Es probable que la pierdas durante un par de horas pero siempre va a regresar a ti. Hablará de los protagonistas del libro como si fueran reales y es que, por un tiempo, siempre lo son.

Le propondrás matrimonio durante un viaje en globo o en medio de un concierto de rock, o quizás formularás la pregunta por absoluta casualidad la próxima vez que se enferme; puede que hasta sea por Skype.

Sonreirás con tal fuerza que te preguntarás por qué tu corazón no ha estallado todavía haciendo que la sangre ruede por tu pecho. Escribirás la historia de ustedes, tendrán hijos con nombres extraños y gustos aún más raros. Ella les leerá a tus hijos The Cat in the Hat y Aslan, e incluso puede que lo haga el mismo día. Caminarán juntos los inviernos de la vejez y ella recitará los poemas de Keats en un susurro mientras tú sacudes la nieve de tus botas.

Sal con una chica que lee porque te lo mereces. Te mereces una mujer capaz de darte la vida más colorida que puedas imaginar. Si solo tienes para darle monotonía, horas trilladas y propuestas a medio cocinar, te vendrá mejor estar solo. Pero si quieres el mundo y los mundos que hay más allá, invita a salir a una chica que lee.

O mejor aún, a una que escriba.