miércoles, 20 de febrero de 2013

Pero no lo es


Esperando que tenga un buen día lector, le agradezco el hecho de que esté leyendo éstas letras, sin embargo para no retrasarlo más escribiré directamente lo que nos importa a ambos.

No obstante, es primero contextualizarlo, así que diremos que estamos entre el año 3000 y 5000, por la fecha podría sospechar que hablamos de un cuento o escrito de ciencia ficción, así que desde ahorita le diré que sí. En efecto, estamos en el futuro y podemos asegurar que todo aquello que no se ha cumplido hasta este 2013 en nuestro cuento sí lo hará, es ficción, en la ficción podemos hacer lo que deseemos.
Podemos imaginar la ciudad como los Supersónicos o como cualquier libro futurista, carros voladores, teletransportación, robots como únicos “sirvientes” del hombre haciendo caso de su ley: jamás hacerle daño a un ser humano y/o permitir que él mismo se lo haga; obedecer siempre las órdenes dictadas por éste a menos de que entre en conflicto la primera ley y  protegerse así mismo en la medida que no contradiga la primera y la segunda ley. ¡Vaya que Asimov sabía lo que hacía!

Incluso podríamos citar a Bradbury y decir que intentamos conquistar Marte y lo hicimos, tan así que echamos a perder el planeta por no tomar en cuenta la cultura, tradición y costumbres de sus habitantes, sin embargo aún no lleguemos a ese punto sino nuestra historia no tendría sentido, Marte, Jupiter, Saturno, vacaciones en el Sol, intercambio entre otras galaxias, casas de campo en la luna de los demás planetas, todo esto y más es posible en este cuento; tal vez no le esté dando demasiado para que lo imagine, sin embargo es menester hacerlo de esta manera.

Ya conocemos el contexto ahora demos paso al protagonista de este cuento: comenzaré diciendo que es un chaval, adolescente, joven, niño, no precisaré la edad porque cualquiera o ninguno puede sentirse identificado con él. Lo que sí puedo decir son todas sus cualidades: inteligente, de eso no hay duda, crítico, analítico, tiene una capacidad enorme para imaginar historias, sus amigos y conocidos siempre lo alentaban para que siguiera escribiendo, y él lo hacía y lo hacía a la “antigüita”; papel y pluma era lo que siempre llevaba a la mano. Detestaba tener que escribir como sus modernos amigos, simplemente pensarlo, vomitarlo en un holograma para después hacerlo llegar por ese mismo pensamiento a aquellos que estuvieran necesitado de una nueva historia fantástica (he de confesar que eran muy necesarias en ese tiempo, ya que casi todo estaba escrito y los clásicos ya no eran tomados en cuenta por la capacidad de aprender a través de la ósmosis).

Así que él se daba a la tarea de rescatar el verdadero significado de ser escritor, su talento daba para mucho, tenía la habilidad de que le dieran una palabra disparadora e inmediatamente creaba algo nuevo, fresco y novedoso, la crítica literaria lo reconocía siempre como el escritor modelo que muchos deberían de seguir. Además, no sólo era escritor también cuentacuentos, su voz era de esas que te tranquilizan con sólo su mismo timbre, así que ya se imaginarán qué espectáculos hacía cuando se sentaba y comenzaba a improvisar o contar cuentos que ya había escrito.

Pero, en fin, como todo cuento maravilloso, según Propp, es necesario una problemática y he aquí la de nuestro cuento: nuestro querido protagonista sentía mucho. Sí, sentía mucho, tenía un corazón tan grande que estaba MUY necesitado de amor, demasiado, a tal grado que le dolía la situación en la que estaba (Y es que, sí, habían personas que lo querían, pero como era tanto el tamaño de su corazón que no se bastaba con ello, además de que no todo ese querer y amor es de la manera en la que él lo quiere y necesita). Así que después de pensarlo y platicarlo con su mejor amigo robot, le pondremos Bender (aunque no tiene las mismas características de este), en honor a Matt Groenig y Futurama, un buen día decidió dejar de sentir. ¡ASÍ ES QUERIDO LECTOR, DECIDIÓ DEJAR DE SENTIR! Estaba cansado de sentir tanto, estaba cansado y dolido de que no lo quisieran como él deseaba. Y como era un chico malo, malote, maloso, pero sobre todo un ser pensante que no está de acuerdo en las estúpidas reglas establecidas por la sociedad, que siguen prevaleciendo a pesar de los años y de la supuesta “evolución” luego de tantos siglos, comenzó con un tratamiento especial para dejar de hacerlo.

Muchos, pocos, algunos, se dieron cuenta de lo que él estaba por hacer, unos lloraron, otros no pudieron dormir en la noche en la que se enteraron de dicha decisión, otros estuvieron pensando en eso todo el día siguiente, otros se decepcionaron, otros se deprimieron, otros se sintieron frustrados, otros le rogaron y le imploraron que no lo hiciera, o todos sintieron exactamente lo que les estoy describiendo, pero ni así lograron que él cambiara de opinión. Sin embargo como toda acción trae una reacción, un día después de que el tratamiento surtiera todo efecto esperando quiso volver a escribir y adivinen qué pasó ¡exacto! Ya no pudo escribir más, lo pensó, lo escribió en su libreta especial, pero nada salía de su brillante mente.

Había olvidado lo que había dicho Heidegger: el escritor deja en cada uno de sus letras un pedacito de su corazón, de su alma, así que en vista de que ya no tenía sentimientos, no tenía algo que decir, algo que contar, algo que imaginar. Poco a poco su círculo de asiduos seguidores comenzaron a sentirse grises, y es que también cuando le preguntaban su estado anímico él sólo respondía que neutral.

Bender como fiel amigo, casi como perro, había hecho sus pertinentes observaciones, sabía que se estaba haciendo daño por haber tomado esa decisión, su sistema comenzaba a entrar en conflicto por permitir semejante barbaridad, y es que como todo cliché de historias de ficción él deseaba tener un corazón, deseaba sentir, sentir el amor, el cariño, la amabilidad, casi casi lo deseaba como el hombre de hojalata en busca del mago de Oz. Así que lo hizo saber a su amigo, él, dado que ya no sentía nada, se inmutó y sólo le deseó suerte, pronto sus caminos comenzaron a separarse, Bender no podía estar con alguien que no sentía, ¿cómo podría llegar a ser un “hombre” de verdad con todo y el paquete que conlleva si no tenía alguien que realmente sintiera? La praxis era importantísima para su circuita vida, sentía una extraña sensación por dejarlo, tal vez fuera dolor, no se sabe; los robots no sienten en verdad.

Así que, en efecto, querido lector si se da cuenta, es casi un perfecto cuento de ciencia ficción, la diferencia es que no, no es ciencia ficción, hay un niño que deseó ya no sentir y está cumpliendo ese cometido. ¿El final? El final aún no lo descubro, es por ello que se quedará inconcluso, ya que el verdadero final depende de usted.

martes, 5 de febrero de 2013

Me acuerdo de las mariposas, siempre llegaban cuando menos lo esperaba y más lo necesitaba. Me auguraban sueños, deseos, buenas noticias, alegrías y sonrisas. Hasta que llegó aquel fatídico día, recuerdo que todo había sido tan gris, la lluvia no dejaba de golpear mi rostro al caminar entre la arbolada que llegaba a su casa.
Después de pensarlo un tiempo, decidí quedarme quieta, sentarme en el césped y dejar que la lluvia se detuviera, al fin y al cabo empapada ya estaba, agua más agua menos no importaba mucho. Y tan pronto lo hice el sol comenzó a resplandecer, pensé que sería una buena señal; tiempo después me di cuenta que era sólo para confundirme
Seguí con mi camino hasta llegar a su hogar, nuestro hogar, toqué la puerta y sola se abrió, eso me extrañó de sobremanera pero no le di importancia. Entré y comencé a preguntar por él, sólo el eco me respondía.
Me dirigí a su cuarto, la mayoría de las veces se encontraba ahí ya que no le gustaba convivir mucho con su familia; pero al entrar no había nadie, solo, lleno de polvo y de su ausencia. Sentí un curioso dolor en el vientre, como si una mano invisible me golpeara. Seguí buscando por toda la casa pero sólo me encontraba en un vacío infinito, le marqué a su celular pero me mandaba a buzón. Desee que todo eso fuera un sueño, pero no fue así.
Él nunca regresó, nunca supe por qué y a dónde fue, pero a cada paso que daba hacía mi casa, una mariposa negra caía a mis pies. Todas muertas, como él, como yo.

lunes, 4 de febrero de 2013

A qué le tiras cuando sueñas mexicano

El jueves mientras estaba en el trabajo y tenía una de las tantas horas libres que caracterizan el día, me puse a inspeccionar una carpeta donde tengo algunos de los trabajos que hice en la universidad, ensayos, exposiciones, análisis comparativos, análisis estilísticos, en fin, todo aquello que hice a lo largo de cuatro años y medio, aunque en realidad sólo tengo registro a partir de quinto semestre y los que leí fueron a partir de séptimo si mal no recuerdo.

El caso es que me di cuenta que lo extraño, y de una manera titánica, extraño estar un día antes haciendo el ensayo de 20 cuartillas que el doctor Sotelo o la maestra Mónica nos pedían, extraño la presión, la inspiración, las quejas, pero sobre todo el producto de todo el esfuerzo.

Extraño la disciplina, la prisa, el análisis, el pensamiento, el lenguaje letrado, la presunción, los sinónimos, la corrección y edición de estilo, en realidad sólo extraño mi vida de estudiante. Extraño no tener más que las simples preocupaciones que mencioné arriba, terminar una exposición, improvisarla más bien, escribir análisis, ensayos largos y tediosos, ensayos pequeños pero profundos, en realidad lo que extraño es escribir.

Es un acto tan noble, que nos permite dejar un pedacito de nuestra alma en cada uno de los escritos que plasmamos en la simple hoja de papel o en el ordenador electrónico, sé que lo dijo Heiddeger, no recuerdo la cita exacta pero sé que fue así. En términos Potterianos, cada poema, cuento, capítulo, ensayo o simple oración con algo de estilo es como un horrocux, así que definitivamente viviremos por siempre, la única diferencia es que no matamos a humanos, simplemente hacemos uso de la tinta o del teclado.

Retomando los días de la semana el viernes una amiga me enseñó una epístola y un poema que había escrito en días anteriores, me dio cierto halo de envidia por su manera tan fresca de describir y elaborar metáforas para detallar lo cotidiano, también me recriminé por no tener la disciplina para seguir escribiendo como lo hacía en la carrera, aunque no es que haya escrito mucho; la realidad de las cosas es que textos narrativos son muy pocos y los líricos son nulos. Simplemente que a veces me gustaría tener la creatividad y genialidad para poder expresar lo que a veces revolotea en mi mentecita, sigo a varios aquí por blogger, algunos son conocidos, otros amigos, otros más que amigos, y siento unas ganas enormes de que mi mimesis no sea tan mediocre y realmente sea algo que aporte. Algunos apelarán que la catarsis es la que cuenta, que se intente, que el trabajo es lo que realmente interesa, pero sabemos de que no es así.

Extraño ser universitaria, extraño escribir ensayos críticos, lo extraño porque en verdad me gustaba hacerlo, lo peor es que sé que puedo seguir haciéndolo, no obstante es más cómodo decir que el trabajo no me da tiempo, y es que siempre tenemos tiempo para todo sólo que nos gusta seguir en nuestra zona de confort. 
Y lo digo porque lo sé, los últimos días he salido con amigos y mi familia a varios lugares, incluso el día de hoy saldré a jugar láser tag, no es que les esté presumiendo, no, no, para nada, yo ni hago eso, así que sé que tengo tiempo, sin embargo tengo una cierta aversión a darme a la tarea de leer un buen libro, analizar el contexto social, histórico, político, lo que el autor nos quiso decir, lo que el autor nos intentó decir y lo que el libro en realidad nos dijo, hacer relecturas, utilizar el formalismo, el estructuralismo y todos los ismos que nos han forjado a lo largo de la historia de la crítica literaria, juzgar al canon como si fuéramos Bloom y no pensar en la consecuencia de hacernos creer que la literatura hispanoamericana en realidad se hace participe de un canon inexistente, el boom latinoamericano no es lo único que representa a este lado del charco. Me da tanta risa y ternura cuando nos tratamos de asemejar a los siglos de ventaja que nos lleva la literatura española.

Y estoy hablando en general, si nos centramos en México es aún, no quiero utilizar el adjetivo peor pero es el único que se me viene a la mente, peor, comenzamos con literatura colonial y eso en realidad ni es de nosotros, es una mezcla entre la historia de los vencidos y de los vencedores, le damos paso a lo Barroco con Sor Juana Inés de la Cruz, sin embargo me atrevo afirmar que cuando realmente tuvimos un nacimiento fue en la literatura de la revolución con Mariano Azuela y su obra de Los de abajo, al igual que con Rodolgo Usigli con obras como El Gesticulador, obra teatral que sigue la temática de esta corte, entre otros más.
No podemos dejar a un lado a Los Contemporáneos, con José Gorostiza, Salvador Novo, Renato Leduc, Concha Urquiza, Gilberto Owen, Xavier Villaurrutia, Jaime Torres Bodet, etcétera, etcétera, etcétera, que su basta producción de poesía los hace destacar de una forma única y tradicional.

Qué decir también de La Onda, oh La Onda mi amor como te quiero, movimiento literario 100% mexicano que por el hecho de nacer dentro de la contracultura la denigraron al grado de no tomarla en serio, qué culpa tienen que los años 60's hayan estado plagados de sexo, drogas y rock n' roll. Incluso al máximo exponente de la literatura de la onda, Parménides García Saldaña, lo relegaron a tal grado de no darle credibilidad, ¡por Dios! él hizo la ruta de la onda y aún así lo dejaron olvidado en su propio viaje.
Sigue la Mafia con Carlos Fuentes, José Emilio Pacheco, Carlos Monsiváis, Salvador Elizondo, Inés Arredondo entre otros. Y todo esto en tan sólo el lapso de 1920 al 2012, en cambio en la literatura española contamos desde lo medieval que data desde el siglo V AL XV, el renacimiento, barroco, siglo de oro, las generaciones del 98, 27, 50 y la contemporaneidad, en resumen: siglo V al XXI.

Algún día aprenderemos a volar tomando en cuenta que primero necesitamos gatear para dejar bien puestos los pies en la tierra, elevarnos y así apreciar las joyas culturales y literarias que tenemos para mostrar al mundo.

Soñar no cuesta nada y los mexicanos realmente soñamos mucho, aún más una romántica insufrible como soy.

Lo más curioso e irónico es que inicié esto con un reproche hacía mi persona por dejar a un lado los ensayos y terminé redactando uno personal, tomando en cuenta lo que más me gustó de la carrera, así que no me sorprende si son pocos los que lo leerán realmente.

En fin, sólo quería vomitar un poco de las ideas que me venían preocupando a lo largo de la semana y sobre todo asentar que, en efecto, ya decidí ser Master en Estudios de Literatura Mexicana por el CUCUSH (suelto una risita como la de Mónica) y no importa que tarde un poco en lograr mi objetivo por no contar con los recursos monetarios, pero si ya cumplí mi sueño de ser licenciada en Letras Españolas, con más granas lograré poder cumplir este nuevo. 

Agárrate, Guadalajara, porque ahí te voy.