Cada mordida de tamal me traía recuerdos de aquellas pláticas interminables por msn llenas de sonidos, emoticones y sobretodo el poderoso lazo de amistad que se fortalecía cada vez que presionaba ENTER.
-Selene.
Cada mordida de tamal me traía recuerdos de aquellas pláticas interminables por msn llenas de sonidos, emoticones y sobretodo el poderoso lazo de amistad que se fortalecía cada vez que presionaba ENTER.
-Selene.


No me digas que te conoces, porque no te conoces. Tu cuerpo es un misterio que quizás jamás llegues a descubrir, debajo de tu piel existen universos y a través de tus ojos sentimientos desconocidos.
No me digas que te conoces cuando eres inconsciente de lo que puedes llegar a ser, porque hay días que lloras y gritas y quieres morir, pero hay días en los que sonríes y ríes y quieres vivir. Y piensas, “la vida es hermosa” pero, ¿de que te sirve vivir una vida hermosa si ni siquiera sabes porque es hermosa, o porque te sientes así? Muchas veces las personas decimos cosas que no sentimos, simplemente porque es más fácil que tener que explicar lo que sentimos.
No me digas que te conoces cuando te la pasas viéndote en el espejo, re tocándote el cabello, la ropa o el maquillaje. No me digas que te conoces cuando en el espejo se distorsiona tu figura, cuando vas con la gente y le preguntas “¿Me veo bien?”.
No me digas que te conoces cuando compartes relaciones con personas que no son buenas para ti, personas que te lastiman, personas que no aportan nada a tu vida mas que celos, rencor, coraje, infelicidad, inseguridad y una estancia patética, y digo estancia porque normalmente esas personas solo llegan a arruinarte en 3 segundos lo que te ha costado construir por años y luego, cuando logran su objetivo se van, y a veces sin decir nada, si tienes suerte al menos te darán razones tontas, por lo cual no son llamadas razones, si no excusas, excusas que solo logran lastimarte, confundirte y acabar con la idea que tenías de esas personas.
No me digas que te conoces cuando te conformas con lo que tienes, te conformas con el trabajo que tienes, te conformas con los amigos que tienes, los cuales, son amigos para divertirte un rato. Cuando te conformas con llorar a escondidas, llorar sola, sin siquiera un abrazo. Cuando te conformas con palabras tontas como “estoy bien”, “no pasa nada”.
No estas bien, y si pasan muchas cosas, aprende a ver la realidad, deja de tener miedo, acepta que eres una persona diminuta en este mundo. Aprende a conocerte, disfruta las pequeñas cosas. Dí lo que sientes cuando lo sientes, ya basta de crearte historias en tu cabeza, admite que estas mal, admite que necesitas alguien con quien platicar.
Aprende a conocerte sabiendo que no necesitas depender de un espejo para saber que eres hermosa, para saber que se te ve bien lo que traes puesto, o que tu maquillaje sigue intacto. Ser hermosa es ser natural, es ser realmente la persona que eres debajo de esos kilos de maquillaje.
Aprende a conocerte y saber elegir tus amistades, no puedes estancarte con personas fracasadas. No puedes dejar que nadie te lastime, y menos si haz pasado por eso antes. Aprende a ver cuando esa persona llega a tu vida, escúchala y ámala, pero nunca más de lo que te amas a ti misma.
Aprende a conocerte siendo INCONFORME, queriendo cada vez mas, viendo hacia adelante, esforzándote por alcanzar lo inalcanzable PORQUE SABES QUE LO MERECES. Llega a ese lugar ignorando las burlas, criticas y opiniones vacías de personas que no se conocen a ellos mismos. No seas una de esas personas. Aprende a conocerte, a aceptarte. Puedes sentarte a escribir tus sentimientos de la manera en la que yo lo estoy haciendo. Regáñate, enséñate, pero nunca te castigues.
No te conoces, porque si lo hicieras hubieras dejado de leer esto al ver la frase “no te conoces”, simplemente porque la curiosidad es desconocimiento.
No te conoces, porque si lo hicieras no hubieras escrito esto.
”
Todas las mujeres bellas son las que yo he visto, las que andan por la calle con abrigos largos y minifaldas, las que huelen a limpio y sonríen cuando las miran. Sin medidas perfectas, sin tacones de vértigo. Las mujeres más bellas esperan el autobús de mi barrio, o se compran bolsos en tiendas de saldo. Se pintan los ojos como les gusta y los labios de carmín de chino.
Las flores del desierto son las mujeres que tienen sonrisas en los ojos, que te acarician las manos cuando estás triste, que pierden las llaves al fondo del abrigo, las que cenan pizza en grupos de amigos y lloran sólo con unos pocos, las que se lavan el pelo y lo secan al viento. Las bellezas reales son las que toman cerveza y no miden cuántas patatas han comido, las que se sientan en bancos del parque con bolsas de pipas, las que acarician con ternura a los perros que se acercan a olerlas. Las preciosas damas de chándal de domingo. Las que huelen a mora y a caramelos de regaliz.
Las mujeres hermosas no salen en revistas, las ojean en el médico, y esperan al novio ilusionadas con vestidos de fresas. Y se ríen libres de los chistes de la tele, y se tragan el fútbol a cambio de un beso.
Las mujeres normales derrochan belleza, no glamour, desgastan las sonrisas mirando a los ojos, y cruzan las piernas y arquean la espalda. Salen en las fotos rodeadas de gente sin retoques, riéndose a carcajadas, abrazando a los suyos con la felicidad embotellada de los grandes grupos.
Las mujeres normales son las auténticas bellezas, sin gomas ni lápices. Las flores del desierto son las que están a tu lado. Las que te aman y las que amamos. Sólo hay que saber mirar mas allá del tipazo, de los ojazos, de las piernas torneadas, de los pechos de vértigo. Efímeros adornos, vestigios del tiempo, enemigo de la forma y enemigo del alma. Vértigo de divas y llanto de princesas.


Muchas veces he entrado a blogs ajenos. Me gusta leer a la gente que conozco, que no conozco, que tal vez conoceré.Dentro de los espejos rotos sobre el suelo, aquella pequeña niña de ojos negros se veía reflejada. No cualquier reflejo, sino uno contrario. Se miraba entre besos y fantasías, entre juegos y alegrías. Esa refracción alegre contrastaba con la frialdad de sus ojos. Por eso había roto el espejo de su tía. Escuchó pasos apresurados y la puerta se abrió repentinamente, era tía, con ojos expectantes y temerosos la miró a través de los fragmentos esparcidos por el suelo y esperaba lo peor.
Como una ráfaga de luz los gritos se escucharon por toda la habitación, los regaños por no tener cuidado, por estar en un lugar prohibido para ella, su tía levantó la mano para abofetearla pero la pequeña esquivó el golpe y se escurrió entre las piernas de la opresora para salir corriendo de la habitación. La puerta se cerró tras de sí, como si una corriente de aire la hubiera azotado con furia. Tía recogió los filosos trozos, trató de evitar su reflejo que la miraba directamente a pesar que sus ojos se perdían en las grietas del piso de madera. Aquel espejo había estado en la familia desde hace tanto tiempo que ya era imposible calcular los años exactos. Las decenas de ojos no la dejaban de mirar, mientras las lágrimas resbalan por sus rostros, siempre mostraban lo contrario de los seres humanos; tía nunca lloraba. Del otro lado de la pared se escuchaban sollozos, la pequeña niña se había escondido en el armario con el retrato de su madre muerta, las dos se miraban tan felices, contentas. Si pudiera pedir un deseo sería llegar ahí, en ese lugar de tiempo detenido donde la mirada acusadora de su tía no le hiciera daño.
Quería recordar como la había perdido, pero como siempre esa nubosidad respecto a su madre la cegaba y hasta cierto punto la llenaba de coraje por no saber más. "Anna", escuchó que alguien decía, no era Tía, esa voz era muy dulce y ligera, una voz tan sueve que se perdía en el viento de su respiración. "Anna", seguía escuchando. Frente a ella flotaba una pequeña luz, no más grande que una luciérnaga, mas esta no parpadeaba, sólo flotaba en la oscuridad. La luz iluminó maravillosamente las sombras que habitaban dentro de sus ojos. La tomó con su mano derecha y sintió la calidez que emanaba. Por primera vez en mucho tiempo no sentía frialdad en su corazón. No sabe cuánto tiempo duro así ya que cuando volvió a abrir los ojos, la luz del día era la que se colaba por debajo de la puerta. Cuando miró hacia su mano la luz ya no estaba pero el calor que había envuelto su corazón seguía ahí.
Cuando abandono su escondite, tía la esperaba en la habitación, no era la primera vez que se escondía y pasaba la noche donde mismo, era casi rutinario. La mujer notó la diferencia en el resplandor de los ojos de la niña, ya no eran tan opacos y cenizos como antes. "Una Salamandra de Fuego" pensó, hace mucho que no había visto una, siempre se escondían en los rincones oscuros de la casa cuando era niña, nunca había tocado una pero conocía la capacidad mágica de ellas. Agnes, su hermana, siempre jugaba con ellas en el jardín trasero cundo anochecía, ella no. No soportaba estar cerca de ellas a pesar de que siempre le habían parecido bonitas. Quiso decir algo al respecto del espejo roto pero cuando Anna la miró nuevamente con esos ojos de fuego no le quedo más que enmudecer. Luego de unos segundos de intenso silencio sólo pudo decir en un susurro que el desayuno estaba listo.
Dio media vuelta y entró a la cocina, sentía una especie de hipnotismo al mirarla pero le recordaba ciertos recuerdos que no eran bienvenidos en su corazón. La magia era lo único que tenían, ambas, era lo único que las unía. Agatha nunca lloraba, no porque no quisiera, sino de tanto llorar en su pasado sus ojos ya no sacaron más. Era una bruja, trataba de llevar una vida normal, pero cada vez le era imposible. Las brujas son malas, son crueles y asesinan niños, a pesar de ir en contra de sus instintos, sus impulsos sobrenaturales eran más fuertes que ella. Cada luna menguante un niño desaparecía del pueblo y nunca más se volvía a saber de él. Eso no le gustaba a Agatha, pero no había de otra, no podía combatirse a ella misma, lo peor es que Anna, se parece mucho a ella cuando niña, sabe en lo que se convertiría cuando llegara a la edad apropiada, en una bruja sanguinaria y sin escrúpulos. Anna no merecía ese destino, pero ya estaba marcada desde su nacimiento. Estaba dispuesta hacer todo lo posible para que eso no sucediera, no Anna, no la pequeña que le había dado una razón pura y agradable de vivir.
Luego de meditarlo tras largos minutos decidió ser Agatha, la tía buena, la que le desearía los buenos días, la que la cuidaría en aquellos momentos de enfermedad que azotaran su cuerpo. Sabía que eso era lo que Agnes quería para su pequeña hija, ella se lo hacía saber, día tras día, le había hecho creer a Anna que había muerto pero en realidad se encontraba lejos del pueblo. Agnes tuvo que huir de aquel lugar lleno de magia negra, no eran las únicas, había más y eran peores. La brujería es un mundo aparte, nadie lo decía en público, pero todos lo sabían. Sólo entre brujas se sabe quiénes lo son, los demás sólo tienen la sospecha. Quien se entera de ellas, muere antes de que lo pueda decir. Ese pueblo, perdido entre las montañas, ocultaba desde siempre grandes secretos, entre ellos las Puertas del Infierno. Agnes, al igual que Agatha, había luchado contra las Grandes Brujas, las dueñas del pueblo, las dueñas de la magia negra. No es posible enfrentarlas y ganar, quienes las han enfrentado han muerto, o bien, en el peor de los casos, se han convertido en sus servidores, éste es el caso de Agatha. Agnes había pasado por lo mismo, pero pudo huir de las Grandes Brujas, el Poder Blanco de los Brujos Luciferus era su refugio, su salvación. Anna había sido absorbida por el hechizo de las Grandes Brujas, al igual que Agatha, ya no había vuelta atrás, el poder la había afectado desde su nacimiento lo que lo hace irreversible. Agatha sólo espera el regreso de Agnes, cuando sea una Luciferus. Mantenía esa esperanza. Aún así con la fatalidad que habitaba en esa familia, Agatha no se cansaba de retrasar lo que podría ser lo inevitable, le daba pócimas disfrazadas de café o té para que Anna no sospechara algo, le cocinaba con ingredientes especiales que la misma Agnes había prescrito en su diario para que cuando se llegara el tiempo en que Agatha se hiciera cargo de la última de la dinastía todo fuera más sencilla para ambas.
Heeeeey pues hace más o menos una semana atras fue mi cumpleaños ^^ sí, el 2 de agosto. Tal vez se esperen la crónica de ese día, y aunque me la pase realmente agradable, no la haré. Por el contrario escribiré todos aquellos mensajitos que me dejaron esas personas especiales que hacen que mi vida tenga sentido.
La canción más bella que me han dedicado. Aquella que me hace llorar de felicidad y de nostalgia. Que me hace recordar un te amo.